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Lo de Suárez no es milagro
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lunes, 08 de febrero de 2010
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La notable clasificación de Juan Aurich a costa del Tecos, quiebra algunos preconceptos para muchos irrebatibles. El primero dice que todo equipo mexicano, tan solo por serlo, es inalcanzable para un equipo peruano. Aurich no solo ganó con claridad los dos partidos, pudiendo golear en ambos, sino que táctica y técnicamente fue superior.
El segundo 'principio' echado por tierra, es aquel que señala que un técnico debe conocer el medio para lograr mínimos buenos resultados. Suárez tiene cuatro meses en el Perú, y el único tope internacional oficial, lo ha superado. No necesita conocer a cabalidad las debilidades de nuestros jugadores (o tal vez las conoció, pero en tiempo récord) para obtener al menos algún buen resultado.
El tercer axioma rebatido sostiene que la eficacia de un equipo parte, por necesidad, de mantener la base del año anterior. El DT Suárez 'la hizo pedazos', dicho esto en el mejor de los sentidos. Entendió que no sirve de nada mantener una si no da para el salto internacional, para eso no se requiere vivir cinco o diez años en el Perú. En ambos partidos ante los aztecas colocó seis refuerzos' en el once titular, seis elementos recièn injertados: Morales, Araujo, Rivas, Manco, Zúñiga (Ciciliano en la vuelta) y Tejada. Claro, si perdía lo enmarrocaban allí mismo, pero demostró que para tener ambición, se requiere ser audaz. Ese Aurich tiene poco tiempo de trabajo, pero ante Tecos demostró que está muy bien aprovechado. Era fácil quedarse con los que estaban y luego de quedar eliminado decir: "Esa es nuestra realidad".
A cambio de los tres axiomas rebatidos, hay un principio negado por muchos, pero aplicable particularmente en nuestro medio: La importancia del 'predicador para que el mensaje cale hondo en la idiosincrasia del jugador local que repotencia sus virtudes cuando lo dirige un DT calificado. ¿Acaso no ocurre ello con los peruanos que juegan en Europa?, son otros. Un técnico calificado no necesita llegar en el pico más elevado de su rendimiento para tener relativo éxito. A Suárez le fue terriblemente mal en los dos equipos que dirigió en Colombia tras el mundial que lo tuvo junto a Ecuador. En Pereira y Nacional, no tuvo el eco deseado, porque los jugadores de ese país no necesitan tener un técnico con 'galones' para que el mensaje sea dogma irrefutable. Para los peruanos, eso sí es clave. Un ejemplo menor es el de 'Maño' Ruiz, lo echaron de tres clubes, luego del mundial pasado, y acá llegó y ganó todo, aunque en amistosos, es verdad.
En este insospechado Aurich hemos visto hombres como Araujo, La Rosa o Ascoy, todos de un nivel habitualmente mediano (por ser generoso en algunos casos) haciendo los dos partidos de su vida. No hablemos del intermitente Manco, que fue 'un reloj' en los 180 minutos jugados. ¿Es normal todo ello? Sí, porque a mayor calidad de entrenador, el futbolista peruano optimiza sus virtudes y disimula sanamente sus debilidades. Siente que lograr la gloria entonces sí es viable.
El jugador peruano de las últimas generaciones, en promedio, no solo a nivel de clubes sino en selección, suele sentirse inferior al rival y superior al técnico que lo dirige. Cuando llega uno de afuera con credenciales de 'A-1', el futbolista local tiene otra motivación, siente que la exigencia, la disciplina, el conocimiento al que va a enfrentar es 'supremo'. Y con todo ello, eleva su rendimiento. Como ocurre con el hasta ahora sorprendente Aurich. Y eso no es casualidad.
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