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La verdad aunque duela Imprimir E-Mail
miércoles, 21 de julio de 2010
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Muchos de mis detractores dicen que no estoy autorizado a criticar el arbitraje en general porque “no fui alguien” dentro de él, otros dicen que mis críticas son “muy negativas”  y que por tanto me he convertido en el “Dr. No” del arbitraje (que  “no veo ni destaco” las cosas buenas); y, algunos más osados ( avezados, diría yo) opinan que mejor estaría callado, porque “la vaca no se acuerda cuando fue ternera”.

Para todos hay una respuesta, y ahí les va.

No es necesario “haber sido alguien” dentro de una actividad para ser un crítico autorizado de ella o un buen conductor de la misma, ni mucho menos. Si así fuera, entonces no existirían los D.Ts. exitosos y que nunca destacaron en el fútbol – o que no lo jugaron (casos de Mourinho, Capello, Pellegrini, Del Bosque  y hasta el propio Markarián); y, por contrapartida, tampoco existirían los jugadores exitosos que son un completo fiasco como D.Ts. (casos de Maradona y Dunga, por citar algunos personajes de actualidad y de talla internacional). En el mismo sentido, no existirían periodistas ni críticos especializados en fútbol, cuando ni siquiera saben parar  y patear  una pelota o ni siquiera han jugado al fútbol (ya sea porque no quieren o simplemente no pueden hacerlo). Tampoco existirían formadores de jugadores de categorías menores y caza talentos, que son exitosos en lo que hacen sin haber sido jugadores famosos. Está claro que este argumento en mi contra, no resiste mayor análisis.

¿Qué soy muy negativo en mis críticas y que casi nunca destaco lo bueno del arbitraje? ……, es cierto; pero yo haría a mi turno una repregunta ….., ¿acaso lo que nos muestran la mayoría de árbitros (extranjeros y peruanos) es en esencia bueno?. La obvia respuesta a ésta pregunta me eximiría de mayores comentarios; pero, es conveniente decir o preguntarse ….., ¿de qué vale destacar lo bueno, si esto está referido a aspectos importantes pero no fundamentales del arbitraje?. Por ejemplo, ¿de qué vale destacar si el árbitro señaliza bien las faltas y muestra muy bien las tarjetas?; o, ¿si el árbitro corrió muy bien y lo hizo estéticamente?, etc., etc., etc., cuando NO SABE o NO ES CAPÁZ de aplicar el reglamento ante una conducta violenta o una jugada brusca grave de un determinado jugador, y abdica de su condición de autoridad no expulsando al infractor en “beneficio del espectáculo” (¡¡ que no es su función ni de su responsabilidad cuidar !!). En este punto habría que agregar que no toda la culpa del mal actuar de los árbitros es culpa de ellos, porque gran parte de la responsabilidad recae en quienes los escogen, entrenan y capacitan para desarrollar tan difícil e incomprendida actividad.

¿Qué mejor estaría callado y que no recuerdo que cuando fui árbitro también “metí la pata” en reiteradas oportunidades?. A este respecto digo que sí metí la pata, pero durante mi etapa de aprendizaje, tiempo durante el cual “comí tierra” en campos muy difíciles y sin las debidas garantías (como es ahora, en la mayoría de ellos) y mi autoridad fue resistida tanto por los propios jugadores como por la crítica “especializada”, que en vez de enseñar a respetar la ley a todos los participantes de este juego la madiatizaba, así como en la sociedad peruana se mediatiza el respeto a los valores y a la autoridad establecida, su enseñanza y buena práctica, en pro de fomentar actividades reñidas con los valores (casi todas corruptas), pero que “venden” espacios en los medios de difusión. Cuando aprendí lo que era arbitrar y mis decisiones eran respetadas (que me llevó casi dos años de la carrera) ya no me equivoqué más, y si lo hice fue por causas humanas fuera de mi control y que me significaron duras sanciones, las que acepté en aras del respeto a las leyes y reglamentos establecidos para estos casos (aunque tuviera que aceptar que a los “envarados” no se les sancione, pese a sus “horrores” – como está volviendo a suceder ahora). Precisamente por ello es que con el debido conocimiento de causa hago mis críticas de aquellos incumplimientos que se hacen adrede y reiterativamente sin que “autoridad” actual alguna haga algo por corregirlos. ¿O, consideran ustedes que debería callarme la boca ante tanta barbaridad que hacen los árbitros y quienes equivocadamente los conducen?.

Lo que en realidad sucede es que yo hablo con la verdad, y eso duele mucho (a todo nivel, y por eso la APAF me declara “no grato” y la CONAR “me hace la guerra”). A mí no me podrán “meter el dedo” (a la boca) ni podrán “contarme cuentos” porque yo viví los problemas desde adentro, y sé lo que se siente cuando un árbitro está en problemas a causa de una mala decisión (que se toma a la primera y sin repeticiones)  y las implicancias de salir a dirigir un partido presionado por circunstancias extra deportivas y sin el debido apoyo de quienes “nos lanzaban al ruedo sin capa ni espada”. Esta lamentable realidad se ha vuelto a presentar en nuestro arbitraje desde fines de enero del 2005 y está llevando indefectiblemente al arbitraje peruano al despeñadero.

Sabido es que no se dirige (arbitra) igual un partido amistoso, un partido de menores, un partido de liga, uno de segunda profesional nacional, uno de primera profesional nacional, uno de Copa Libertadores (o Sudamericana), uno de Copa Intercontinental, uno de Copa Confederaciones, uno de eliminatorias de mundial de selecciones, uno de Campeonato Mundial de Clubes y uno de Mundial de Selecciones; pese a que, el reglamento es único y el mismo. Y, la sapiencia de un árbitro está justamente  en saber lo qué está dirigiendo (por aquello de la “aplicación del criterio” arbitral); pero, en las jugadas claras, ÉSAS QUE TODO EL MUNDO VE, la mejor decisión está escrita en las reglas y es facilísimo aplicarla ……, en esto radica es éxito de un buen árbitro …., haciendo honor a la sapientísima frase de Don César Orosco G. (QEPD) de que “En cuestión de hechos, no hay criterio”.

El que no quiera entender esto tan claro, categórico y simple, que se dedique a cuidar autos (o a lavarlos) – sin desmerecer esta honorable actividad (para la que no se requiere preparación y/o estudios), porque para árbitro (o directivo de ellos) NO SIRVE.

 
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