OPINIÓN | ¿Qué está pasando con la seguridad de las deportistas?

d

Por Mariela Drago y Thalia Simich (*)

En las últimas semanas, se han publicado diversas noticias acerca de denuncias por situaciones de acoso y abuso en el ámbito deportivo. ¿Qué es lo que está pasando? Será que se trata de nuevas conductas o es que, al estilo del Movimiento #MeToo, ha iniciado una ola de denuncias de parte de las deportistas y demás víctimas, quienes, cansadas de los abusos y, ahora, con la confianza suficiente, están alzando su voz en contra de estas prácticas que resultan tan nocivas para la sociedad y el deporte.

Efectivamente, estamos frente a lo segundo, ya que estas conductas no son nuevas y por muchos años el acoso, la discriminación, el abuso físico, psicológico y sexual han pasado desapercibidas y quedado impunes. Sin embargo, es recién desde el año 2018, que el mundo ha empezado a prestar atención a denuncias como las de Simone Biles y de las más de 300 deportistas del equipo de gimnasia artística de Estados Unidos, quienes revelaron haber sufrido de abuso sexual por parte de integrantes del equipo técnico, como el entonces médico Larry Nassar, quien actualmente viene cumpliendo una sentencia de cadena perpetua por dichos actos.

Por otro lado, de acuerdo a ESPN (octubre 2021), cuatro técnicos de la National Women’s Soccer League (NWSL), todos hombres, han sido despedidos en los pasados cuatro meses por razones “extracancha”, incluyendo alegatos de conducta sexual inadecuada, abuso de poder, abuso verbal, ambientes laborales tóxicos y comentarios racistas contra las futbolistas.

En ese contexto, la controversia que podríamos calificar como "la gota que derramó el vaso", ha sido la vinculada a Paul Riley, el entonces entrenador -actualmente expulsado- del equipo North Carolina Courage, quien ha sido acusado por parte de las exjugadoras Sinead Farrelly y Mana Shim de usar, entre otros, coerción para tener relaciones sexuales con él, abuso verbal, comentarios homofóbicos y otros comportamientos inapropiados.

Las exjugadoras han compartido valientemente sus experiencias, lo cual resulta aún más alarmante pues se reveló que en el 2015, Mana Shim había reportado el comportamiento de Riley y que la NWSL lo manejó en privado, permitiendo que Riley se mantuviera activo en la liga y ponga en riesgo a más jugadoras. Ha sido recién seis años después, luego que la NWSL aprobará el acoso como un delito dentro de su liga, que Riley ha sido destituido de la liga y la Federación de Fútbol de Estados Unidos le suspendió la licencia de entrenador.

Otro caso de entrenadores recientemente despedidos es el de Richie Burke, del Washington Spirit, por presunto abuso verbal contra las jugadoras y por comentarios racistas. Al igual que con Riley, exjugadoras habían denunciado a Burke en el año 2018 y expresado sus preocupaciones durante el 2020. Sin embargo, las mismas fueron omitidas, permaneciendo él en el puesto de entrenador.

Esta situación nos hace pensar en ¿cómo es posible que en equipos de ese nivel y siendo Estados Unidos un referente en deportes como la gimnasia y el fútbol femenino puedan pasar estas cosas? Lo que nos lleva a un pensamiento aún más desolador, ¿qué estará pasando en aquellos países y deportes con menor visibilidad, sin mecanismos de control, con personal inescrupuloso y con poblaciones en mayor situación de vulnerabilidad?

En un contexto regional, 24 futbolistas de Venezuela han denunciado mediante un comunicado del 05 de octubre de 2021, las agresiones sufridas de parte del entrenador panameño Kenneth Zsemereta, quien dirigió a la selección entre el 2008 y el 2017. Se han presentado denuncias por presuntos actos de estupro (delito que consiste en tener una relación sexual con una menor de edad, valiéndose del engaño o de la superioridad que se tiene sobre ella), acoso y abuso psicológico y sexual contra varias jugadoras, algunas de ellas con apenas 14 años.

Al día de hoy, la Federación Venezolana de Fútbol, ha tenido una reacción inmediata frente a la denuncia de las jugadoras, iniciando las acciones de investigación de manera interna, así como ante las entidades públicas correspondientes. No solo eso, sino que considerando la gravedad de las denuncias y el latente riesgo que dicha persona representa para la integridad humana de las y los deportistas, es que han solicitado directamente a la FIFA la inhabilitación del denunciado dentro de la industria deportiva. 

En nuestro país, a inicios del 2021, seis jugadoras del Club Real Apurímac, algunas inclusive menores de edad, denunciaron al entrenador Everson Inca Paullo, por presuntamente haberlas condicionado a tener relaciones sexuales a cambio de no ser separadas del equipo que jugaría la Liga Femenina FPF 2021, así como haber realizado tocamientos indebidos y actos libidinosos en forma agravada. En abril de este año, el Poder Judicial ordenó prisión preventiva para el entrenador, mientras duren las investigaciones.

Sin embargo, a pesar de la gravedad de los actos y, pareciese que, al igual que en el caso de la NWSL con su federación, la Federación Peruana de Fútbol, a cargo de la Liga Femenina FPF 2021, no emitió ningún pronunciamiento respecto del denunciado, e inclusive no hizo mayores declaraciones sobre las razones por las que dicho club no jugó el torneo local.

Del mismo modo, hace unas semanas, surgieron rumores acerca de irregularidades éticas en las conductas del entrenador de la selección peruana de fútbol, Doriva Bueno; lo que llevó, inclusive, a que algunas deportistas destacadas, como Myriam Tristán y Adriana Lúcar, decidieran retirarse de la concentración previo al partido por fecha FIFA, a fin de no encubrir o normalizar conductas irregulares, que calificaron como un "tema antiguo y recurrente".

Si bien tal situación todavía viene siendo materia de investigación, resulta necesario que la Federación emita un pronunciamiento que deje un mensaje claro de rechazo contra conductas que puedan dañar la integridad física y mental de las deportistas y que, además, ponen en peligro a todo el ecosistema deportivo.

Desde la Fundación Deporte en Igualdad, consideramos necesario que el Instituto Peruano del Deporte y los demás integrantes del Sistema Deportivo Nacional pongan sobre la mesa como prioridad, acabar con todo tipo de violencia, acoso y abuso en el ámbito deportivo. Lo último que necesitamos, es que las organizaciones deportivas se conviertan en instituciones que protegen a todos menos a sus deportistas.

Por el contrario, se necesita que el íntegro del Sistema Deportivo Nacional, desde el ente rector hasta todas las organizaciones de base, empiecen a trabajar en protocolos de prevención, salvaguardias de protección y mecanismos seguros de denuncia, todo esto acompañado de capacitación y campañas de sensibilización sobre la verdadera problemática a combatir: "la normalización de la violencia, acoso y abuso en nuestra sociedad".

(*) Fundación Deporte en Igualdad

Comentarios

.